La España de cabeza cana

Hace tiempo que no escribo en el blog. Por circunstancias personales, pero también porque el tema de la despoblación, sobre el que había escrito en mis últimas entradas, empieza a cansarme: cuesta encontrar algo novedoso, o algo llamativo, entre el mar de información, declaraciones, actividades, eventos y propuestas que nos asedian; y entre las riñas de gatos que protagonizan unos y otros en torno al tema.  Uno se siente literalmente abrumado por todo ello y, como observador paciente de la realidad, intenta discernir qué es lo que falla, qué elementos de fondo nos estamos perdiendo…Porque no deja de ser curioso que, habiendo un aparente (insisto en lo de aparente) consenso social e incluso político respecto a la gravedad del tema, sea tan difícil bajar a lo concreto e implementar medidas (no necesariamente dinero público) para su solución.

En materia de aspectos concretos, he escrito largo y tendido en este foro: la necesidad de dotar de contenido real a la (futura) dotación de banda ancha; la poca atención que se presta a la fuga de dinero privado desde las zonas rurales hacia las zonas urbanas, a través de las entidades y productos financieros; el poco interés en promover modelos policéntricos y autogestionados de energía renovable que en otros lugares son habituales; el papel que pueden jugar la banca pública o las monedas locales como contrapeso a las tendencias generales en la economía de mercado en que vivimos; la necesidad de ser audaces en el diseño de servicios públicos, con fuerte apoyo de las tecnologías de la información…

También he escrito sobre la preocupación que muestran las instituciones europeas ante el hecho de que se siga pidiendo dinero “europeo” tras 30 años recibiendo millones de euros de los fondos estructurales y de cohesión, para resolver un problema muy específico del Estado español.  Esto nos ha llevado a hablar sobre evaluación de políticas públicas (o más bien, la falta de la misma), y al final de todo, sobre gobernanza: la forma en que una sociedad establece sus mecanismos de decisión, quién toma las decisiones y, sobre todo, quién las alienta y promueve.

Sobre todas estas cosas he escrito, aunque tenga la sensación de que no se han leído, o han caído en saco roto. Pero la cuestión última, la de la gobernanza, me ha llevado a pensar -y vuelvo al principio del post-, en aquello que “está fallando”, aquello que no vemos y que está detrás de esta aparente incapacidad para salir de donde estamos.  Ya escribí algo sobre esto cuando me planteé quién gana con la despoblación, y ahora tal vez querría retratar un poco más a algunos de aquellos que ganan en esta situación.

Cuando uno no sabe por dónde tirar, lo mejor es recurrir a los clásicos, y si son poetas, mucho mejor. Por ello retomo un poema de Antonio Machado: no es la primera vez que lo nombro en este blog, y cada vez soy más consciente del tino que demostró al retratar la España de su tiempo y, por desgracia, lo poco que ha cambiado en algunas cosas aquella España de charanga y pandereta…

El retrato descarnado del señorito, que Machado traza en su poema “Del pasado efímero”, es en realidad el retrato más global de una España rural, que en aquella época seguía sacando fuera de sus lugares a los jóvenes más preparados, más dinámicos… o más contestatarios, no muy lejos de lo que sigue sucediendo hoy en día.

Ese ciudadano que sigue pensando que “todos los políticos son iguales” y que no cabe esperar nada de ellos, en un juego de turnos que adopta tintes “naturales”, pero que representa un cómodo, aburrido (“bosteza”) statu quo:

Bosteza de política banales

dicterios al gobierno reaccionario,

y augura que vendrán los liberales,

cual torna la cigüeña al campanario.

 Ese ciudadano que sigue mirando al cielo esperando la lluvia, y pensando que el agua “se cría en los pantanos” o que el agua de los ríos que va a parar al mar “se pierde”; o a lo mejor, recibe ayudas de la PAC sin ninguna condicionalidad social ni ambiental ni empresarial.

Un poco labrador, del cielo aguarda

y al cielo teme; alguna vez suspira,

pensando en su olivar, y al cielo mira

con ojo inquieto, si la lluvia tarda.

Todo lo demás (como podría ser la cultura, el medio ambiente, el cambio climático, las migraciones, las desigualdades…) “le aburre”:

Lo demás, taciturno, hipocondriaco,

prisionero en la Arcadia del presente,

le aburre; sólo el humo del tabaco

simula algunas sombras en su frente.

Pensaba tal vez Machado que aquel tiempo había pasado, que aquella España hueca y vana, responsable de los males de su tiempo, tenía “la cabeza cana”:

Este hombre no es de ayer ni es de mañana,

sino de nunca; de la cepa hispana

no es el fruto maduro ni podrido,

es una fruta vana

de aquella España que pasó y no ha sido,

esa que hoy tiene la cabeza cana.

Pero la historia de nuestro país muestra que aquella España de cabeza cana sacó en un momento dado la escopeta para ajustar cuentas con el futuro. Machado murió en Colliure, y es la herencia de esa España encanecida, ya vieja hace 100 años, la que siguió y sigue presente en muchos pueblos -y también ciudades- manteniendo su statu quo y actuando como un tapón que impide revertir el declive de nuestras zonas rurales.

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2 thoughts on “La España de cabeza cana

  1. Te superas Enhorabuena un abrazo de tus padres

    El 23 de febrero de 2018, 9:53, Miguel A. Gracia Santos escribió:

    > consultoraeuropea posted: ” Hace tiempo que no escribo en el blog. Por > circunstancias personales, pero también porque el tema de la despoblación, > sobre el que había escrito en mis últimas entradas, empieza a cansarme: > cuesta encontrar algo novedoso, o algo llamativo, entre el ma” >

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