Banda ancha y desarrollo rural

ticEstos días se ha firmado en Aragón un acuerdo interinstitucional para llevar la banda ancha a todos los núcleos de población y todos los habitantes del medio rural aragonés. Se da cumplimiento así a una reivindicación existente desde tiempo atrás, al tiempo que se pretende contribuir de este modo a hacer más atractivo el territorio, uno de los más despoblados de la Unión Europea, para nuevos pobladores con perfiles profesionales más diversos.

En líneas generales, nuestra valoración de este tipo de acuerdos sería positiva: construye una verdadera igualdad de oportunidades, reduce la brecha digital, y abre posibilidades hacia una diversificación de la economía rural, el asentamiento de nuevos pobladores y, al menos, la desaceleración de la tendencia a la despoblación. Respecto al coste económico de la operación en su conjunto, y sin ser nada desdeñable, es “pecata minuta” comparado con el coste de cualquier gran infraestructura viaria (carretera, autovía…).

Ahora bien, el que suscribe tiene cierta tendencia a “mirar hacia adelante”, y por ello se plantea lo siguiente: supongamos que dentro de un año, o dentro de dos, la banda ancha está presente en todo Aragón, y luego, ¿qué…? Me explicaré.

La experiencia nos demuestra que, en Aragón y en otros territorios, se han invertido millones de euros para construir o mejorar carreteras o autovías en zonas despobladas, autovías por las que sigue sin circular nadie: es decir, hemos ampliado la capacidad pero sigue sin haber actividad económica que saque partido de dicha capacidad. No obstante, durante muchos años y todavía hoy, la ausencia de tales infraestructuras es vista como una “losa” para el desarrollo, una barrera que impide cualquier forma de desarrollo; se afirmaba que, una vez estuvieran operativas dichas autovías o carreteras, el “desarrollo” vendría dado (industria, turismo, valor añadido…)…obviamente, y salvo excepciones, eso no ha ocurrido.

No querría que se me tildara de agorero, pero me temo que pueda pasar lo mismo con la banda ancha, que estemos simplemente sustituyendo una “infraestructura” por otra. Donde antes decíamos autovías, ahora decimos banda ancha, pero el discurso es el mismo y las debilidades estructurales de la economía rural son las mismas: una economía que, hoy por hoy, es incapaz de generar una actividad que necesite la banda ancha.  Este argumento es consistente con el dato, también muy reciente, acerca de la incapacidad de la economía aragonesa para absorber su mano de obra con cualificación universitaria.  Puesto que Internet y la banda ancha son herramientas imprescindibles en una economía avanzada, que genera productos y servicios de alto valor añadido.  Internet, por sí solo, no genera “desarrollo”.

Esta apreciación viene corroborada por el análisis global: a escala mundial, la correlación entre el uso de Internet y la renta es evidente (como muestra la comparación de mapas). Es más, los intentos de extender la “herramienta” Internet en territorios del sur global, chocan muchas veces con la persistencia de una estructura productiva a la cual Internet le resulta totalmente ajena.

internet-y-riqueza

Desde un punto de vista más psicológico, ya he mencionado en otra ocasión lo que los coach llaman un “dragón”: un monstruo más o menos legendario, que en realidad no existe, pero que las personas invocamos para no hacer frente a los problemas y a las barreras que están dentro de uno mismo.  Creo que el medio rural aragonés echa mano de muchos “dragones” para no afrontar sus verdaderos retos de futuro, y uno de ellos es este “fiarlo todo” a la existencia de carreteras ayer, a banda ancha hoy.  Una permanente huida hacia adelante…

En definitiva, la banda ancha va a estar en poco tiempo en muchos pueblos aragoneses; ¿para qué va a servir? ¿Sólo para ver la tele?  ¿O para crear negocios? ¿O para facilitar la vida a la gente?  Se me ocurre que, por ejemplo, podrá haber casas domotizadas y conectadas, que faciliten la vida al os mayores que viven en ellas; o se podrán abrir los centros de interpretación “bajo demanda” si el cliente compra una entrada y se descarga en el móvil un código para abrir la puerta…Pero, ¿qué empresas van a poner en marcha estas herramientas? ¿quién va a pagar por ellas? ¿va a pagar el anciano de Villarluengo el coste de domotizar su casa? ¿Va a pagar un Ayuntamiento de 200 habitantes el sistema de apertura como el que comentamos para su Centro de interpretación…?

A pesar de todas estas objeciones, es evidente que la dotación de banda ancha es una oportunidad sin precedentes. Precisamente, de cara a que la inversión en infoestructuras pueda ser realmente provechosa y sirva para generar un nuevo modelo de desarrollo, es bueno fijarse en algunas líneas para el éxito, que surgen de la práctica de otros lugares y que ya han sido apuntadas desde la Comisión Europea y desde otras instancias.

  • Aumentar la difusión tecnológica entre capas de población: gente mayor (TIC para la tercera edad), mujeres, personas de edad madura…
  • Aumentar la difusión tecnológica por sectores productivos: de modo que no se concentren sólo en el sector terciario y de servicios, sino también en el industrial y en el primario (haciendo este último más atractivo, sobre todo para jóvenes preparados).
  • Mejorar el grado de utilización de las tecnologías conocidas. La mayor parte de las aplicaciones disponibles en un Smartphone son desconocidas o infrautilizadas.
  • Incorporar a la universidad y la I+D a este reto, bien a través de start-up locales (no puede ser que los estudiantes de Informática se vayan a trabajar de programadores a Barcelona, y en Teruel sólo monten una franquicia de ordenadores), o a través de la transferencia de resultados: la OTRI, los CEEI, ITA…deben salir al campo, a la calle, a los pueblos, a “hacer bolos”, como se dice en el mundillo teatral.
  • Saber para qué las queremos: hay que crear nuevos negocios, pero buscar referentes “humanos”, que faciliten la replicación, y respondiendo a las necesidades de la gente: si Teruel es un territorio despoblado y envejecido, tal vez el primer objetivo sería crear un tejido empresarial innovador, orientado a resolver el día a día de las personas mayores, con una base tecnológica.

Todo ello nos habla de un ingente trabajo no tecnológico, de difusión, formación, animación, de creación de capacidades…trabajo que puede y debe financiarse con el Fondo Social Europeo, con el Programa de Desarrollo Rural (FEADER) y que ha de ser gestionado de manera transversal por las diferentes Administraciones y los diferentes Departamentos dentro de las mismas.  Este trabajo ha de ser simultáneo al despliegue de la banda ancha.  El reto está ahí.  Es una ocasión única y no se puede desaprovechar.

 

 

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