La Política europea de cohesión, más allá de 2020.

Qué será, cuánto será, a qué y dónde se aplicará la política de cohesión de la UE después de 2020, está ahora en pleno debate, tanto técnico como político. De acuerdo con un briefing publicado por el EPRS (Servicio de Estudios del Parlamento Europeo), la Comisión ha enunciado 10 cuestiones que han de ser objeto de debate y de reflexión, a saber:

  1. Cómo pueden aliarse competitividad de las regiones y a la vez cohesión entre ellas.
  2. Qué hacer con las regiones persistentemente atrasadas, a pesar de décadas recibiendo cantidades ingentes de fondos europeos.
  3. ¿Deberían los fondos europeos financiar regiones y áreas metropolitanas avanzadas?
  4. Cómo afrontar el crecimiento, el empleo y la innovación en regiones poco pobladas y/o con características geográficas especiales (Ej., montañas, islas…).
  5. Tener en cuenta la dimensión urbana de la política de cohesión.
  6. Definir o combinar las formas más adecuadas de financiación (no siempre va a ser la subvención a fondo perdido).
  7. Cómo afrontar los retos del futuro: la migración, la energía, el cambio climático, la economía digital.
  8. La simplificación de los procedimientos, sin perder control.
  9. Una mejor gobernanza económica.
  10. Los criterios para la asignación de los Fondos.

Obviamente, todas ellas son cuestiones de gran interés, y las respuestas tienen también un fuerte componente ideológico y político. Además, son cuestiones estrechamente vinculadas entre sí.  Sin embargo, por motivos personales me quedo con las cuestiones 2, 4, 7 y 9, que recogen temas que ya han sido objeto de análisis en este blog.

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En la cuestión 2, el mencionado briefing se hace eco de diferentes estudios; éstos reconocen, por un lado, que los Fondos europeos son esenciales para mantener un mínimo Estado del bienestar en territorios más pobres de la UE. Sin embargo, otros análisis señalan cómo regiones del sur de Europa siguen estando en el furgón de cola de renta, servicios, igualdad social, etc…,a pesar de haberse invertido allí cantidades ingentes de fondos europeos; estos estudios señalan que no ha habido ni buena gestión ni gobernanza, y que los fondos se han dedicado de manera equivocada a infraestructuras y carreteras, muchas veces de dudosa necesidad. Desde este punto de vista, y de manera consistente con lo que hemos sostenido aquí recientemente, se aboga más bien por mejorar la calidad de la gobernanza.  Es decir, más y mejor democracia.

El punto 4 hay que verlo a la luz de los Tratados y Reglamentos, cuyas disposiciones no han sido adecuadamente tenidas en cuenta ni llevadas a la práctica. Es decir, hay una limitada aplicación de los condicionantes geográficos (montaña, insularidad, carácter remoto…) pero es que, a su vez, queda mucho por hacer en la identificación y en el diseño de indicadores adecuados. Y nos permitimos añadir, queda mucho por hacer en concebir y ejecutar proyectos que realmente respondan a dichas especifidades: un ejemplo lo tenemos en los proyectos empresariales financiados con cargo al Fondo de Inversiones de Teruel (FITE): en un territorio despoblado y envejecido, se responde financiando básicamente granjas de porcino (42 de los 111 proyectos aprobados), con una presencia testimonial de proyectos ligados al cuidado de mayores (1) o a las energías renovables (3).

En este sentido, y respecto al punto 7, es chocante (por ejemplo) que, por un lado, se esté clamando por una mayor ayuda hacia las energías renovables, mientras en España sigue vigente el “impuesto al sol” que ha frenado en seco el desarrollo del sector solar, o se sigue pidiendo desde todos los agentes sociales el sufragar con millones de euros de dinero público la inversión de Endesa/Enel (multinacional que reparte dividendos a sus accionistas) en la central térmica de Andorra, principal instalación emisora de CO2 en Aragón…en nombre del empleo y del equilibrio regional.

El razonamiento se cierra en torno al punto 9: una mejor gobernanza económica. Y añadiría: y política.  Se siguen tomando demasiadas decisiones, o bien equivocadas, o bien cortoplacistas, o las dos cosas.  Y el resultado es que, tras años y tras millones de euros invertidos, ninguna tendencia negativa en estos territorios se revierte. Ésta es sin duda la cuestión más compleja y la más difícil de solucionar.  Intentaremos aportar propuestas en próximos post, pero se admiten sugerencias…

 

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