Cork, 20 años después

Mis primeros pasos en el mundo del desarrollo rural coincidieron con un hito fundamental de este proceso: la Conferencia de Cork y su Declaración, en 1996. Dicha Declaración constituyó un paso esencial en la configuración de las políticas y medidas de Desarrollo rural que vinieron desde entonces, a la luz de experiencias exitosas como LEADER, y ha formado parte de un importante cambio de imagen del medio rural (hacia adentro y hacia fuera), una reivindicación de lo rural, esencial para el desarrollo de estos territorios.

Veinte años después, acaba de tener lugar en la misma ciudad la Conferencia y Declaración de Cork 2.0., que ratifica los logros de la primera, y al tiempo la actualiza, de acuerdo con la experiencia pasada y con los retos de nuestro tiempo.

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Con el título “Una vida mejor en las áreas rurales”, la Declaración comienza con unas Consideraciones, entre las que nos permitimos destacar y comentar:

  1. La importancia de las áreas rurales en el desarrollo sostenible y la lucha contra el cambio climático (ubicados en lugar preeminente);
  2. La cobertura demográfica y territorial del mundo rural europeo y su importancia para el patrimonio natural y cultural;
  3. La expectativa de que la digitalización y el conocimiento sean decisivos para el desarrollo rural (atención: expectativa, deseo…; no convencimiento ni exigencia…);
  4. El convencimiento de que el crecimiento económico y la sostenibilidad no son excluyentes, y su ligazón ha de venir dada a través de la investigación y el enfoque ascendente (no se abandona, pues, el mantra del crecimiento, y parece confiarse más bien en la “tecnología” para resolver el dilema).
  5. La preocupación por el éxodo rural y por la pérdida de jóvenes, buscando reforzar el atractivo de las zonas rurales como lugares para vivir y trabajar (tal vez hubiera sido bonita una mención a los mayores que han quedado en los pueblos, que son muchas veces sus únicos habitantes y los últimos guardianes de sus paisajes y depositarios de su sabiduría popular, y que tantos servicios y cuidados necesitan).
  6. Se reconoce el papel del sector primario como modelador del paisaje y proveedor de servicios ambientales de carácter público.
  7. Se muestra la determinación a fortalecer las iniciativas de carácter local, tales como LEADER y hoy el Desarrollo Local Participativo (CLLD, por sus siglas en inglés).
  8. Se confía -sin más-, en una PAC orientada a resultados y con un enfoque más estratégico.

En virtud de éstas y otras consideraciones, la Declaración señala 10 puntos para la orientación de lo que se define como una “política rural y agraria innovadora, integrada e inclusiva en la UE”:

  1. Promover la prosperidad rural.
  2. Fortalecer las cadenas de valor rurales.
  3. Invertir en viabilidad y vitalidad rurales.
  4. Preservar el medio ambiente rural.
  5. Gestionar los recursos naturales.
  6. Favorecer la acción por el clima.
  7. Impulsar el conocimiento y la innovación.
  8. Mejorar la gobernanza rural.
  9. Simplificar los procedimientos.
  10. Mejorar la gestión y el seguimiento.

A lo largo de estos 10 puntos, se desgranan ideas, propuestas y puntos de vista; de igual modo, se echa en falta otras. A título personal, nos permitimos señalar algunas percepciones (que pueden estar equivocadas o sesgadas, cómo no):

  1. Se habla literalmente de la “resiliencia” de granjas y comunidades rurales; parece como si se asumiera que el mundo en que vivimos lleva a la desaparición paulatina de aquellas, y por tanto la política se centrase en aplicar “cuidados paliativos” en el largo plazo.
  2. Compartimos la idea de reforzar las redes entre negocios locales, que ha sido una constante del desarrollo rural, que hemos defendido en informes y documentos, en público y en privado, y que suele ser muy difícil de poner en marcha…
  3. Se destaca la importancia de superar la brecha digital en el medio rural, sacar partido de la digitalización de zonas rurales, y de que las inversiones y el apoyo a las mismas tenga lugar en términos de su aportación a la sociedad…algo que suele chocar con el enfoque bancario “clásico” con que trabajan, incluso, entidades supuestamente arraigadas en el medio rural o comprometidas con su desarrollo.
  4. La supuesta remuneración de los servicios ambientales prestados por el sector primario y las zonas rurales es objeto de una enunciación vaga y voluntarista…algo que no compartimos, cuando hemos señalado en este blog, en numerosas ocasiones, la importancia de un justo reconocimiento -económico- de estos servicios para un desarrollo emancipador, y no subsidiado, de las áreas rurales.
  5. A la hora de hablar de acción por el clima, nos llama la atención a la importancia significativa que se da a las áreas rurales como almacenes de CO2 en términos tecnológicos…así como que se señale el aspecto financiero como una barrera para el desarrollo de las energías renovables, cuando es conocido -y señalado desde los stakeholders y desde otras instancias de las políticas comunitarias-, que las barreras al desarrollo de las renovables son sobre todo de orden legal y administrativo (véase el “impuesto al sol” vigente hoy en España).
  6. Compartimos plenamente el punto 7 dedicado al conocimiento y a la innovación. Aplicando la famosa frase de Einstein: “Locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”, o se hacen cosas distintas, en todos los planos -técnico, científico, pero también social y político-, o las zonas rurales continuarán con su declive, más o menos lento o rápido, pero no se revertirá la tendencia.
  7. En este sentido, echamos en falta una visión más crítica sobre la gobernanza rural, cuyas flaquezas no pueden solventarse sólo a base de formación y educación, y que está también ligada -entre otras cosas-, a la distribución de la renta y riqueza agrarias. Así, llama la atención que se ponga el acento en la simplificación de la gestión de la PAC, y no se haga mención alguna a su falta de equidad, que es lo que verdaderamente dificulta su aceptación social: recordemos que, según datos de la propia Comisión, apenas el 1,7% de las explotaciones y empresas agrarias europeas se llevan el 31% de las ayudas directas de la PAC.
  8. También compartimos, en principio, la idea de una PAC orientada a resultados, aunque este concepto debería ser objeto de un debate muy profundo: “resultado” puede ser producir una tonelada de trigo -sea “bio” o convencional; y resultado puede ser aumentar un 20% la población de lobos en la Península Ibérica….
  9. Finalmente, compartimos también la urgencia que todas las políticas macro y sectoriales que se implementan desde la UE sean revisadas bajo un “prisma rural”, ya que las mismas pueden tener consecuencias decisivas para las zonas rurales, y en ocasiones antitéticas de las promovidas desde las políticas específicas.
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