Mujer en el medio rural: nuevas realidades, nuevos retos

Se celebra en esta semana el Día Internacional de la Mujer Rural, establecido en 2007 por la ONU para recordar “la función y contribución decisivas de la mujer rural, incluida la mujer indígena, en la promoción del desarrollo agrícola y rural, la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural”. Es evidente que no es lo mismo la situación de las mujeres en Soria o Teruel, que en Galicia, o que en la jungla de Colombia.  Y los problemas o los debates pueden pasar desde “¿podré comer, o tendré hoy agua potable?”, hasta celebrar una chocolatada para hablar del tema…

Bajando a lo conocemos, vemos cómo siguen existiendo problemas: en el medio rural aragonés, la brecha salarial sigue siendo del 25%, como recordaba ayer en unas jornadas celebradas en el altiplano turolense.  Este es un problema claro y generalizado en los empleos por cuenta ajena, pero, ¿qué sucede con los empleos por cuenta propia, o el propio acceso al mercado de trabajo, cuando en zonas despobladas estamos hablando de un mercado escaso y poco dinámico?

El Estudio sobre Factores socio-culturales relacionados con el emprendimiento, elaborado para la Diputación Provincial de Teruel, en el marco de su proyecto EmpreMTer (Mujeres Rurales Emprendedoras en Teruel, 2014-2016), recordaba los datos del informe SEMIGRA elaborado desde el Observatorio ESPON de la UE:  Teruel tiene déficit “masivo” de mujeres en todos los grupos de edad “joven” (entre 20 y 34 años), y cuenta con apenas 80 mujeres por 100 habitantes en todos los grupos de edad, lo que la sitúa más de un 10% por debajo de la media de los 30 países que conforman el Espacio Económico Europeo (EEE); es decir, es una de las zonas más masculinizadas de Europa.

Este fenómeno se amplía si hablamos de mujeres con cualificación universitaria: a mayor nivel de formación, más se amplía la brecha entre hombres y mujeres, en cuanto a porcentaje de parados/as. Así, si con niveles de educación primaria o inferior, las mujeres representan en torno al 45% del total de parados, éstas representan el 70% del total de parados con formación universitaria; la provincia de Teruel contaba en 2015 con 587 mujeres universitarias en paro, el 74% de los parados con este nivel de formación.

¿Por qué sucede esto? ¿Qué factores sociales y culturales influyen para que las áreas rurales tengan una problemática añadida, de cara al emprendimiento femenino, y especialmente la puesta en marcha de proyectos vitales por parte de mujeres cualificadas…? El estudio mencionado arrojó una serie de conclusiones, probablemente extrapolables a muchas zonas rurales y despobladas de la Península Ibérica y del sur de Europa:

  1. En la provincia de Teruel, como en el resto, los negocios iniciados por mujeres responden al “perfil femenino clásico” de empresaria o emprendedora: sector servicios, menores redes de contactos, dedicación a tiempo parcial o compatibilizada con la vida familiar, menor agresividad y más empatía…factores todos ellos penalizadores en la vigente cultura androcéntrica.
  2. Las mujeres empresarias turolenses tienen un alto grado de autoestima y de convencimiento sobre las actividades que realizan, en general por encima de lo que ha recogido la literatura.
  3. La conciliación es un problema grave, que se resuelve generalmente del lado de la mujer: echando más horas, echando mano de las mujeres de la familia, o renunciando a tener hijos.
  4. Esta asimetría en la labor de cuidados tiene que ver con la falta de corresponsabilidad, pero también con las dificultades de las mujeres para delegar, que emanan de un sentimiento de culpabilidad, fruto de una formación patriarcal de siglos.
  5. Existe una tendencia a juzgar moralmente las iniciativas profesionales de las mujeres, en virtud de su mayor o menor correspondencia con los roles “esperables” de género.
  6. Existe una relación inversa entre el tipo de municipio y la inactividad laboral de mujeres y varones, aumentando de forma progresiva las diferencias de género según el grado de ruralidad del municipio.
  7. Si bien la formación ha sido una estrategia de huida del medio rural –huida ilustrada-, este proceso parece ralentizarse, tanto por la falta de oportunidades también en el medio urbano, como por lo que pudiera ser una visión del medio rural más proclive a la presencia de la mujer (visión que no se corresponde plenamente, ni mucho menos, con la realidad).
  8. En la puesta en marcha de iniciativas emprendedoras, las mujeres encuentran más dificultades: dependencia familiar, carácter doméstico, complementariedad, empresas pequeñas y con dificultades de financiación.
  9. La literatura ha estudiado hasta ahora el hecho de la formación de las mujeres rurales, entendiéndolo como una “estrategia de huida” del medio rural, por lo que carecemos del necesario aparato teórico para entender y enmarcar adecuadamente el papel y las posibilidades de las mujeres universitarias que deciden vivir en los pueblos, entendiéndolo como una apuesta vital y no como un retroceso o una derrota.
  10. La presión social sobre el comportamiento de las mujeres no sería en este momento el principal motivo por el que las mujeres jóvenes deciden abandonar el medio rural. No existiría un “Teruel profundo”, por así decirlo, sino que los estereotipos y los roles se aceptan (o no) de manera similar por todas partes. Lo que sucede es que se agudizan los desequilibrios de género en las zonas ya de por sí más regresivas por la ausencia de alicientes económicos, envejecimiento e incluso aislamiento físico.
  11. Cada vez con más frecuencia, las mujeres que libremente han decidido vivir en el medio rural, optan por el emprendimiento como forma de hacer compatible su estancia en él a la vez que se desarrollan profesionalmente. Pero sería más un autoempleo, que una actitud “emprendedora”.
  12. Hay una visión del medio rural en la que las mujeres crean otras redes (por ejemplo, a través de las TIC) y en las que buscan su lugar, sin considerarlo derrota o resignación.
  13. La mayoría no cambiaría el pueblo o sus núcleos semiurbanos por la ciudad; la tranquilidad es factor determinante, pero también presenta como principal dificultad la falta de servicios, además de la carencia de infraestructuras de transporte y de instalaciones adecuadas para el cuidado de menores.
  14. El reducido tamaño de las empresas permite una mayor flexibilidad en cuanto a horarios, atención a los hijos o dependientes, etc. Pero a su vez, el mayor grado de involucración dificulta la conciliación.
  15. La vinculación con los pueblos no es definitiva, ya que los motivos de presencia en ellos son también muy variopintos. A su vez, la permanencia en el futuro depende mucho más de factores económicos y de servicios, que de factores afectivos.
  16. Una abrumadora mayoría consideran la elección de sus estudios como fruto de una cuestión vocacional, lo cual nos invita a considerar dos cosas: a) la pervivencia de los roles de género en la construcción de la propia personalidad (uno de cuyos hitos sería la elección de la carrera) y b) la relación entre éxito profesional (o empresarial) y subempleo -en un contexto de mercado laboral poco dinámico- y la elección de una carrera, muchas veces a sabiendas de su difícil salida laboral.
  17. Los negocios de las emprendedoras turolenses son sobre todo relacionados con turismo, hostelería, y cuidados y salud (suman un 42%). Si añadimos artesanía, comercio al por menor y alimentación, nos encontramos con que el 55,5% de los negocios se corresponden con ámbitos “tradicionalmente femeninos”.
  18. Pero también está surgiendo casi un 27% de otro tipo de servicios, en nuevos ámbitos profesionales no clasificados: educación, coaching, informática…
  19. Se trata de un nano-empresariado, con poca facturación en general, a base de autónomos o figuras asociativas muy básicas (S.C., C.B.), muchas veces como complemento de la renta familiar. Cuando el negocio es más potente y es la actividad principal, no hay hijos (o están emancipados), y se dedican muchas horas al día, no hay nada que conciliar, todo es trabajo.
  20. Tomadas una por una, son las barreras de tipo económico las consideradas más graves para el emprendimiento en la provincia de Teruel: costes de la Seguridad Social, y pequeño tamaño del mercado y de los ingresos.
  21. El papeleo y las barreras administrativas existen, pero con carácter variable según lugar y tipo de negocio; su presencia en el debate responde más al folklore hispánico de “echar la culpa a los funcionarios”, que a una barrera real o insalvable. Igualmente, hay una visión crítica sobre las subvenciones, el papeleo que llevan para el dinero que al final se recibe.
  22. Sin embargo, las barreras relacionadas con la conciliación son, en su conjunto, el problema más grave: dificultades para la conciliación por los horarios o lugares de trabajo, falta de corresponsabilidad de la pareja, falta de servicios públicos adaptados.
  23. También en Teruel se reproduce la “cadena de cuidados” con las mujeres como protagonistas.
  24. Los factores de índole socio-cultural no son tan importantes; las mujeres turolenses actuales han sabido adaptarse, sin que les importe el qué dirán.
  25. El 43% de las mujeres se considera subempleada.
  26. Las mujeres empresarias turolenses son conscientes del carácter “doméstico” de muchas de sus iniciativas, pero en modo alguno consideran que eso pueda ser fruto de la falta de preparación o capacidad para poner en marcha y desarrollar negocios. Nos habla de un elevado sentido de las propias capacidades, y de las oportunidades que ello brinda para la puesta en marcha de más y más sólidas iniciativas.
  27. Las razones para la brecha de género entre las universitarias turolenses son sobre todo, su mayor protagonismo en sectores de escaso tamaño y rentabilidad –razón económica-, y la discriminación por razón de género (“el hombre no se queda embarazado”) –razón socio-cultural devenida económica y con solución legal.
  28. Aunque se reconocen avances, se percibe cierto escepticismo acerca de un “nuevo mundo rural” más proclive al protagonismo de la mujer en la vida social y económica.
  29. Las mujeres tienen una visión más social del éxito que los hombres, cuyo concepto del éxito es más individual.

A la vista de estas conclusiones, el informe también apuntaba una serie de recomendaciones; en el caso concreto del punto 2, vemos con alegría que empiezan a darse pasos en este sentido, como demuestran las próximas jornadas sobre “Políticas locales desde una perspectiva de las nuevas masculinidades”, organizado por la Fundación CEPAIM en colaboración con la Diputación de Teruel.

  1. Es importante promover la presencia de “espejos”: mujeres que hayan tenido éxito en la empresa, siendo fieles a sus visiones femeninas, a su modo de pensar femenino, y a su pueblo.
  2. Sería necesario promover talleres de conciliación en el medio rural, con presencia de ambos sexos, no sólo desde las instancias que promueven el emprendimiento femenino (Leader, DPT, AEDL), sino también desde las entidades más “masculinas” (sindicatos agrarios, comunidades de regantes…).
  3. Hay que profundizar en los estudios y diagnósticos sobre la nueva realidad de las mujeres universitarias que ya no se van del pueblo, sino que vuelven o deciden quedarse.
  4. Las políticas públicas deben discernir de manera explícita entre emprendimiento y autoempleo, para estar más próximas a las capacidades e intereses de cada cual, y evitar mitos o falsas expectativas.
  5. Las políticas públicas deben hacer hincapié en la adaptación de los servicios públicos, especialmente transporte, cuidado de menores y dependientes.
  6. La formación universitaria deberá incluir formación para el empleo desde sus inicios, o bien articularla como créditos de libre elección u otras fórmulas.
  7. Debería promoverse una discriminación positiva hacia negocios no “tradicionalmente femeninos”: informática, ingeniería, diseño, energía,…pero también todo lo relacionado con manufactura o agricultura y ganadería, donde la presencia de la mujer empresaria es testimonial en muchos lugares.
  8. Es imprescindible promover redes de colaboración formal e informal, redes de ayuda mutua, bancos de tiempo, aprovechamiento de locales por parte de varias empresas o autónomas, espacios de coworking, viveros comarcales de empresas…
  9. Debe simplificarse y normalizarse el proceso de documentación: acuerdos entre Ayuntamientos, ordenanzas comunes, requisitos comunes…
  10. Hay que plantearse el paso de las subvenciones hacia los microcréditos, con un tratamiento fiscal más favorable y menos exigentes en documentación.
  11. En los foros y reuniones para el autoempleo, hay que involucrar también a los otros “actores necesarios” del proceso: abuelas, madres, mujeres inmigrantes…implicadas en la cadena de cuidados.
  12. Es necesario un proceso de apoyo y mentoring para las mujeres universitarias que están desempleadas o subempleadas. Este proceso ha de ser personalizado y específico, además de multidisciplinar, trabajando todos los aspectos: económicos y productivos, creación de redes, TIC, aspectos emocionales y psicológicos.
  13. Son precisas campañas de sensibilización, que eleven la autoestima de las mujeres, pongan en valor su contribución a la riqueza del país –tanto en su rol productivo como reproductivo, visibilizando este último.
  14. Es precisa una participación más directa de las mujeres en las estructuras de decisión: locales y comarcales, y grupos de acción local. Si es necesario, instituyendo la discriminación positiva.
  15. Si las TIC son una herramienta básica en el trabajo, hay que profundizar en su conocimiento, pero también en la adaptación de los modelos de negocio (adaptación de los vigentes, creación de nuevos).
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