Los límites del proyecto

Durante años, me he dedicado a eso que se llaman “proyectos europeos”. En alguna otra ocasión, hemos hablado aquí sobre gestión de proyectos.  A lo mejor lo que digo sea tirar piedras contra mi propio tejado, pero querría compartir con los lectores algunas reflexiones que me surgen, en relación con la propia noción de proyecto, y sus límites como modelo de acción pública.

Muchas administraciones, fundaciones y agencias, sobre todo aquellas de carácter público, o financiadas con fondos públicos, viven de la gestión de proyectos. Dicha gestión consiste, en participar, como coordinador o como socio, en una amplia panoplia de proyectos, muchas veces promovidos desde programas y convocatorias de la UE. Muy a menudo, el dinero que proviene de dichos proyectos se aplica ingeniosamente a todas y cada una de las partidas del funcionamiento ordinario de la entidad (personal -sobre todo-, pero también gasto corriente, compras y alquileres…), de tal modo que la “cofinanciación” exigida por Bruselas tienda a cero, en términos de efectivo, de dinero de caja que se aplica al proyecto.

De este modo, en muchas ocasiones, estas entidades entran en un ciclo en el cual la búsqueda de proyectos, no es ya una herramienta para la mejor consecución de sus legítimos objetivos sociales o políticos, sino más bien una fórmula imprescindible para mantener la propia infraestructura y personal que se ha ido creando a lo largo de los años: es, en suma, una fórmula de supervivencia, lo cual puede contribuir a que, precisamente, el valor de los proyectos se desvirtúe y sus resultados aporten muy poco en forma de soluciones o innovaciones permanentes, en forma de nuevas políticas o maneras de hacer las cosas.

En cierto modo, podemos comparar estos proyectos a las piedras que se lanzan a un río: el río corre a cierta velocidad (el funcionamiento ordinario de la administración o entidad…); un proyecto es como una piedra que, al caer sobre el agua, genera una onda, un movimiento más o menos amplio, pero…que termina por agotarse una vez que la fuerza inicial del proyecto -más concretamente, su aportación económica-, se ha agotado: el río continúa su curso anterior, como si nada hubiese sucedido. En demasiadas ocasiones, los proyectos se suceden sin que cambie cualitativamente la política de fondo.

Lo deseable sería que los proyectos actuasen como una presa durante una escalada: el escalador tiene claro que su objetivo es la cumbre, y en el ascenso, se sirve de la presencia de una presa donde apoyarse, para continuar su recorrido, siempre con el objetivo a la vista: si la presa posible le desvía demasiado de su vía, no se apoyará en ella.

A su vez, estos proyectos desvirtúan, en cierto modo, la imagen de la propia Administración que aporta los fondos: se pide dinero “a Europa”, como si “Europa” (es decir, la Unión Europea) fuese, no ya un banco, sino esa especie de abuelita complaciente y con dinero a la cual, si se le malea y se le dora la píldora adecuadamente, se le puede sacar un buen pellizco, sin muchas explicaciones…De ahí vienen los sustos y las sorpresas, cuando un día la Comisión Europea, ante un proyecto fallido o que ni ha cumplido sus expectativas, comete la osadía de ¡pedir que le devuelvan el dinero!.

También la UE tiene abiertas reflexiones sobre esta cuestión: junto a fondos de carácter más estructural (PAC, FEDER, principalmente) que se gestionan a través de autoridades nacionales (o regionales), la propia Comisión y una amplia gama de autoridades nacionales gestionan programas mediante convocatorias de proyectos: aquí entran los LIFE, los Interreg, los Europa Creativa, y muchos otros. Muchos posibles beneficiarios, como decimos, se profesionalizan en la búsqueda y gestión de estos proyectos, pero el retorno es escaso, si como tal entendemos modificaciones sustanciales de los modus operandi: innovación, transversalidad, transparencia, etc…  De hecho, algunos estudios plantean ya, en el marco del desarrollo rural, cuáles son los límites de actuación del “Estado-proyecto”, algunos de cuyos rasgos serían:

  • El origen de este uso de los proyectos como herramienta de implementación de políticas estaría relacionado con el vaciamiento del Estado del bienestar, la creciente importancia del tercer sector, y la aparición de modelos de gobernanza “multinivel”.
  • En la práctica, se trata de que una administración externa (la UE) intenta modificar la capacidad institucional de un tercero (el beneficiario del proyecto, por ejemplo, un Ayuntamiento), “desde fuera”, sólo con el dinero del proyecto…tarea vana.
  • El “Estado-proyecto” genera un efecto perverso: el hecho de que las zonas rurales y urbanas (o más bien, sus estructuras de gobernanza) compitan por unos recursos escasos (vía convocatoria) en lugar de colaborar activamente.

¿Quiere esto decir que no hay que hacer proyectos, o que la UE no debería financiar proyectos? No, pero no siempre la yuxtaposición de proyectos es el mejor mecanismo de implementación de una política.  En políticas europeas, vemos cómo iniciativas como LEADER han usado mucho más el mecanismo de la programación: se firman convenios de largo plazo (5-7 años, en lugar de los proyectos que suelen durar de 2 a 4) con entidades que han de gestionar unos fondos para el logro de una estrategia, se marcan unas Medidas, y los plazos de ejecución son flexibles, sin perjuicio del cumplimiento de objetivos anuales.  Normalmente -no siempre- el resultado es de mucho mayor calado y profundidad, fruto de este carácter más estratégico y menos contingente.

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4 thoughts on “Los límites del proyecto

  1. me has gustado. Algunos te odiaran Besicos

    El 27 de octubre de 2017, 9:26, Miguel A. Gracia Santos escribió:

    > consultoraeuropea posted: “Durante años, me he dedicado a eso que se > llaman “proyectos europeos”. En alguna otra ocasión, hemos hablado aquí > sobre gestión de proyectos. A lo mejor lo que digo sea tirar piedras > contra mi propio tejado, pero querría compartir con los lectores alguna” >

  2. Muy de acuerdo y muy valiente! se ha podido generar una “burbuja” de estrategas o intermediarios cortoplacistas que necesitan “inventar” proyectos, financiados, para su propia manutención mas allá de un objetivo claro y real al fin de fondo. Una estrategia de arriba a abajo que no parece dar frutos al menos de acorde al apoyo recibido, y que encuentra en los recortes económicos la única coartada coplaciente para su falta de resultados.
    Me he planteado a veces ese mismo escenario para el campo de la investigación científca donde hay entidades ya estructurales y permanentes que nacieron a un fin y en un tiempo concreto pero siguen muchos años después reivindicando y consiguiendo recursos con argmento de nuevos objetivos y con una consecución de resultados modestos o cuestionables, en el mejor de los casos… pero ahi!! como se les quite un duro.. que entonces no se apoya la investigación… salvando las distancias y los casos loables, claro está…
    Estoy a punto de rescatar un contacto de alguien que está abordando el tema del desarrollo rural y la despoblación desde un enfoque de abajo a arriba, empezando por intentar trabajar sobre la percepción cultural y emocional de los posibles interesados en ser pobladores, para ayudarles a que lo consigan con éxito.. mañana lo tendré, me llamó la atención el enfoque!

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