¿Para qué sirve un oso?

para_que_sirve_un_oso-663228630-largeEl título de esta divertida película nos permite evocar con cierto sentido del humor (que falta hace…) el debate que de manera permanente se da en el medio rural, sobre la supuesta incompatibilidad entre medio ambiente (más específicamente, biodiversidad) y desarrollo, debate que se hace especialmente agudo en España, tal vez, precisamente por contar con más del 30% de la biodiversidad de la UE.

En ocasiones, este debate se abre en términos positivos. Por ejemplo, la Junta de Extremadura ha venido gestionando recientemente un proyecto LIFE, dirigido a mejorar el conocimiento y posibilidades de la Red Natura 2000 entre profesionales del sector primario (agrario, forestal, piscícola, cinegético).  Se trata de una iniciativa digna de aplauso y muy necesaria, puesto que, a pesar de que la legislación europea sobre biodiversidad es francamente longeva (la Directiva Aves tiene ya 37 años, y la de Hábitats, 24), todavía la conservación de esa biodiversidad y el desarrollo económico se ven muchas veces como algo incompatible, e incluso antagónico.

Un ejemplo claro lo estamos viviendo en España en estos meses, tras la Sentencia del Tribunal Supremo que declara Especies Exóticas Invasoras (EEI) una serie de especies que llevan muchos años siendo objeto de explotación económica: el cangrejo rojo americano, la carpa europea, o la trucha arco iris. Esta Sentencia ha puesto en pie de guerra territorios y colectivos, ha promovido posturas  discutibles por parte de algunos partidos e instituciones (buscando sortear la mencionada Sentencia), y ha recrudecido, de nuevo, esta sempiterna antítesis entre medio ambiente y “desarrollo”.  De poco parece servir que algunas de estas especies (Ej., la carpa o la trucha arco iris) estén entre las 100 más dañinas del mundo, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

La relación entre Desarrollo Rural y Natura 2000 sigue siendo todavía demasiado laxa, en numerosas ocasiones. En el caso de Aragón, la Comisión Europea ya hizo llegar en su día una serie de indicaciones para que el Programa de Desarrollo Rural 2014-2020 tuviese en cuenta de manera más activa el papel de los bosques, la participación de entidades y asociaciones ligadas a la conservación de la biodiversidad, y en general una financiación más amplia para estas zonas Natura 2000 (recordaba la Comisión que el 44% de la superficie forestal aragonesa está incluida en esta Red).  Sin embargo, la sensación sigue siendo la misma: para muchas personas del sector primario, el medio ambiente llega en forma de limitaciones y prohibiciones, y sin embargo son escasos y complejos los mecanismos de financiación de la naturaleza, o de compensación de limitaciones, o de daños (en su caso): en resumen, nadie paga por cuidar el medio ambiente, lo cual invita a buscarse alternativas más fáciles.

Si a ello añadimos componentes como la relación rural-urbano, el debate se torna no sólo económico y técnico, sino también -y muchas veces se olvida-ético. Unos señalan la importancia ética de mantener unas especies que forman parte de la misma Naturaleza que nosotros y cuya conservación no depende sólo de su grado de “utilidad”; otros alegan que “el verdadero ser en peligro de extinción es el hombre” en muchas zonas rurales en proceso de despoblación…dos éticas condenadas a entenderse, pero muy pocos puentes entre ellas, antes bien, demasiada gente interesada en dinamitar dichos puentes.

Modestamente, entendemos que algunos de los posibles mecanismos de superación de esta dicotomía son (varios y no excluyentes):

  • Mejora en la formación y sensibilización, con fuerte incidencia en la dimensión ética.
  • Aumento real de las dotaciones financieras para el medio ambiente.
  • Coordinación y simplificación de os mecanismos de ayuda existentes.
  • Participación de todo tipo de agentes en la gestión de fondos y en la toma de decisiones: Administraciones, sector primario, ecologistas, entidades de conservación, centros de investigación…, incluyendo modelos de cooperación como la custodia del territorio.
  • Cambios en los modelos de financiación: por ejemplo, la “orientación a resultados”, o el pago por servicios ecosistémicos, dedicando medios y recursos a proyectos piloto en estos campos. Por ejemplo, la identificación, caracterización y cuantificación precisa de los servicios que presta la ganadería extensiva de ovino en un territorio dado, con especial incidencia en la identificación del “cliente”, de su “Disposición al pago” y de su “forma de pago”.

Visto lo anterior, llama la atención que, coincidiendo muchas de las zonas de mayor riqueza en términos de biodiversidad, con las zonas más despobladas, no surja nunca ni del territorio ni de la Administración la puesta en marcha de medidas concretas destinadas a buscar sinergias entre ambas cuestiones: el proceso participativo en torno al Plan Demográfico de Aragón (a pesar de todo, bien intencionado) es un reflejo de esta carencia.

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