Dos maneras (más) de acercarse a los impuestos

En otras ocasiones, ya hemos hablado en este blog sobre fiscalidad y zonas rurales, cómo algunos consideran que la fiscalidad vigente es un lastre para las zonas rurales, máxime a la vista de los servicios públicos, equipamientos e infraestructuras de los que luego se dispone en dichas zonas.  Hemos sostenido que la fiscalidad ha de estar vinculada a la renta, la cual, está vinculada a los individuos y no a los territorios.  No obstante, volvemos a sacar a colación el tema porque, en el lapso de pocos días, han sido presentadas dos propuestas sobre fiscalidad, de origen y contenido muy diversos, que aspiran a tener influencia sobre las áreas rurales.

Una de las propuestas es el Informe sobre fiscalidad diferenciada, elaborado por la Red SSPA, de Regiones Despobladas del Sur de Europa (lobby que agrupa las organizaciones empresariales de Soria, Teruel y Cuenca).  La otra es una propuesta sobre fiscalidad ambiental, elaborada por las principales organizaciones ecologistas/ambientalistas españolas (Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, Seo-Birdlife y WWF).  Dado el diferente origen de las organizaciones, cabe esperar notables diferencias de enfoque y de conclusiones.

He de reconocer que esperaba con cierta expectación el informe sobre fiscalidad diferenciada; en primer lugar, porque tengo serias dudas del componente de equidad que pueda introducir dicha fiscalidad: ¿es que es justo “bajarle” los impuestos a alguien que “tiene dinero” solo porque vive en una zona rural? ¿y al que no tiene dinero, pero vive en una ciudad, no se lo perdonamos…?  En segundo lugar, tenía curiosidad por ver los argumentos que se utilizaban cuando, por ejemplo, un reciente estudio de la Universidad de Zaragoza venía a concluir que no hay evidencia de la capacidad de los impuestos para fijar población.

Mi expectación se ha visto defraudada: el Informe vuelve a insistir en el carácter supuestamente “ultra-periférico” de la España interior (como ya viene haciendo, desde hace años, el movimiento “Serranía Celtibérica”, que tanto habla de la “Laponia del sur de Europa”), para a continuación glosar el régimen fiscal de una región ultraperiférica como Canarias, dando a entender que ese régimen fiscal es beneficioso para las Islas y para su desarrollo.  Sin embargo, me temo que la realidad es bastante más tozuda: el régimen fiscal especial de Canarias tiene más que ver con su pasado como puerto franco, que con una apuesta concreta por el desarrollo territorial; Canarias se ha visto beneficiada de millones y millones de euros, en su condición de territorio “Objetivo 1” de los fondos FEDER, y de Región Ultra Periférica de la UE, y a pesar de ello, sigue siendo uno de los territorios con menor renta y mayor tasa de paro (un 20%, que llega al 37% entre los jóvenes) de toda España.  Ello nos habla de problemas estructurales muy serios de la economía y, sin entrar en mayores profundidades, evidencia la escasa capacidad del régimen fiscal, no ya para revertir, sino ni siquiera para amortiguar dicha situación.  Y lo mismo -prácticamente- vale decir para Ceuta y Melilla, puestos por los autores como ejemplos de aplicación de fiscalidad territorial diferenciada.

En última instancia, el Informe termina planteando una serie de deducciones no desdeñables (el 50% de la cuota del IRPF para la provincia de Soria, por ejemplo, o un 10% sobre las cotizaciones sociales que pagan los empleadores), y calcula mediante tablas input-output el impacto que pueda tener, cifrándolo que unos 267 millones de euros disponibles y unos 4000 empleos más…cifras muy significativas, pero…me temo que no sea así como funcione la cosa.  Sin entrar a valorar aspectos técnicos -que no domino-, esta propuesta me recuerda mucho a la de la famosa “Curva de Laffer”, aparato teórico muy querido por el neoliberalismo económico, y que viene a decir que, si se reducen los impuestos, el dinero “sobrante” se destinaría a consumo e inversión, generando un círculo virtuoso que llevaría al aumento del empleo y de la riqueza, y por tanto, a la recaudación global de impuestos, que no se habría resentido por una bajada de los impuestos: una especie de “cuento de la lechera” que aplicaron en su día Reagan y Thatcher, y que se ha visto desmentido por la realidad, generando déficits fiscales galopantes y aumentando las desigualdades.

Como señalé en su día, me da la impresión de que “a río revuelto, ganancia de pescadores”, y que hay quienes, aprovechando el debate de la despoblación, quieren sencillamente ahorrarse impuestos, obviando el debate del gasto público y de la gobernanza del mismo, donde hay mucho que decir.  No obstante, las cifras son lo suficientemente alentadoras como para ser sometidas a una revisión o análisis más profundo y, en su caso, plantear alguna fórmula concreta, con carácter experimental y fecha concreta de finalización.  El caso francés, con sus exoneraciones fiscales previstas en las Zonas de Revitalización Rural, podría servir de ejemplo (aunque se acerca más a la idea de “vacaciones fiscales” que a las de reducción sine die de los tipos impositivos sobre la renta).

Por su parte, una primera lectura del Informe sobre fiscalidad ambiental me produjo la impresión contraria: “Esta gente quieren freír a impuestos a las zonas rurales”, porque claro, uno ve lo siguiente:

  • Un aumento del impuesto de matriculación para gravar a los vehículos más contaminantes (pero sin tener en cuenta, por ejemplo, el papel que juega un 4×4 en las zonas de montaña, donde puede no ser un capricho);
  • Un Impuesto sobre el cambio de usos del suelo, que me recordaba bastante a las cesiones obligatorias a los Ayuntamientos en los procesos de urbanización (y que puede jugar precisamente, el efecto contrario, que los Ayuntamientos se conviertan en los primeros alentadores de los cambios de uso del suelo para “hacer caja”, como ya sucedió con el IBI en los tiempos de la burbuja inmobiliaria). Es decir, da la impresión de que se propone una herramienta fiscal para intentar suplir las carencias del planeamiento urbanístico.
  • Un impuesto sobre el impacto ambiental de la ganadería intensiva, impacto que es indiscutible, pero que se haría pagar a los titulares de las granjas…que ya sufren la uberización del modelo de integración ganadera, los márgenes cada vez más reducidos y, además, tendrían que pagar este impuesto, en un entorno en que muchas veces una granja de pollos o de porcino es la única fuente de empleo disponible. Recordemos que, por ejemplo, el coste de la gestión del purín ya se hace recaer sobre los titulares, que son el eslabón más débil de la cadena, mientras las grandes integradoras eluden su responsabilidad.
  • Por si no se “castiga” lo bastante al sector primario, se propone también el Impuesto sobre la Pernoctación, destinado a gravar las actividades y establecimientos que impactan sobre el medio ambiente (o se benefician del mismo): y esto incluye “Establecimientos hoteleros, los apartamentos turísticos, los campings y los establecimientos de turismo rural (…), los albergues de juventud, y (…) las viviendas de uso turístico”. Vamos, casi cualquier forma de alojamiento turístico, con cualquier grado de ocupación y de manera distinta de la “tasa de pernoctación” que ya pagan muchos usuarios de los establecimientos turísticos.
  • Y está también el impuesto sobre la caza y el impuesto sobre las actividades extractivas mineras…vamos, que casi cualquier actividad que se haga en el medio rural va a ser objeto de impuesto…

A la vista de eso, puedo entender -y no me gusta-, la famosa “brecha rural-urbano” que muchas veces se denuncia, esa idea de que el ecologismo es una idea “urbanita” y que tiene poco que ver con los problemas cotidianos de la gente de los pueblos…Creo que, aunque bien intencionada, esta propuesta fiscal adolece de un cálculo más ordenado de las consecuencias que puede tener su aplicación para muchas zonas rurales, y de un desequilibrio entre la forma en que se grava el modo de vida “urbano” y el”rural”; tal vez, falta “pulir” muchas de las propuestas y plantear otras que pueden tener un mayor impacto socio-territorial: un “céntimo de la gasolina” dirigido a financiar actuaciones en zonas forestales que fijan carbono, la recuperación y actualización del efímero canon sobre la producción eléctrica, o trabajar de manera más afinada en los Pagos por Servicios Ambientales, sobre los que hemos hablado en otras ocasiones…

Un debate muy amplio, muy rico, cuyas aportaciones son siempre interesantes, y del que seguiremos hablando en el futuro.

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