¿Cambio climático?, para los otros

Para la elaboración de un informe sobre ciudades y cambio climático, estos días he tenido ocasión de verificar un dato que de alguna manera intuía: que, por mucho que estemos hablando del cambio climático, las tres cuartas partes de las ciudades europeas han hecho poco, o nada, en relación con el mismo. El coche sigue siendo el medio de transporte principal y privilegiado, se sigue quemando carbón y gas, se siguen trayendo los alimentos envasados desde el otro lado del mundo, se siguen quemando las basuras sin reciclar…Aunque se nos llene la boca nombrando las buenas prácticas -casi siempre las mismas-, el cambio climático avanza, porque nuestro modelo de vida sigue sin cambiar.  Por eso el CO2 ha alcanzado concentraciones nunca antes conocidas en la atmósfera.

Hablamos mucho del cambio climático, pero…no estamos dispuestos a hacer nada que altere nuestro modo de vida o nuestro modelo económico, en relación con este tema. Una revisión a la prensa de mi tierra -Aragón- era hoy muy significativa: por una parte, se alerta sobre la tremenda sequía que asola el campo y amenaza al sector primario aragonés, e incluso los editoriales llamaban a tomar decisiones sobre el tema.  Por otro lado, en el mismo periódico se avisaba que no se va a cerrar la central térmica de Andorra si ello amenaza al suministro…y ello a pesar de que dicha central es el mayor emisor individual de CO2 de todo Aragón; ¿las razones? los 600 puestos de trabajo directos y “el futuro de las comarcas mineras”.

Pero no es el único caso. Semanas atrás, todos los medios se hacían eco de la inversión por parte del Grupo Jorge, holding aragonés que invertirá 134 millones de euros y creará 2000 empleos en el sector porcino.  Según la propia empresa, “va a sacrificar en 2017 más de 7 millones de cerdos, lo que supone más del 50% de los cerdos que se producen en Aragón y más del 14% de los que se producen en toda España, y está a la cabeza a nivel nacional en la exportación de carne de porcino, suponiendo el 17% de las exportaciones de carne de España hacia el resto del mundo”.  Considerando canales de 120 kilos y una generación de 12 kg. de CO2 por kilo de carne, esos 7 millones de cerdos -esos 2000 puestos de trabajo- representan ¡¡10.080.000 toneladas de CO2!!.  Si a eso añadimos el coste del transporte que representa la exportación (envíos ultracongelados a China o Rusia) nos hacemos una idea del impacto total.

Hay muchos más ejemplos: el tan prometido proyecto de la Corporación Guissona en Épila, que dicen que creará 4000 puestos de trabajo y atraerá 1300 camiones al día…que emiten 600 gramos de CO2 por km., es decir, que esos 1300 camiones recorriendo 600 kilómetros al día representan unas 468 toneladas de CO2 al día…Igualmente, somos campeones en sustituir la huerta tradicional, productora de hortalizas de proximidad, por extensiones de alfalfa que vendemos a los Emiratos Árabes o a China…mientras consumimos hortalizas de Almería, Canarias o Marruecos, producidas bajo plástico.

En definitiva, nuestra actitud cotidiana no está tan lejos de la de Donald Trump, que fue tan criticado por sacar a EE.UU. de los Acuerdos de París: se percibe constantemente cómo el cambio climático sigue siendo, para la mayoría de la gente y la mayoría de los decisores públicos y privados, algo desconectado de su quehacer cotidiano, algo que se puede obviar, algo que no podemos permitir que afecte a nuestro estilo de vida, al “empleo” y al “progreso”. Ya estamos pagando el precio de esa actitud, y el futuro lo pagará más todavía.

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