Historia profunda

Cuando decidí quedarme en el pueblo, todos me miraron raro.  Más bien, me miraron por encima del hombro, o con lástima. ¿Aquí te vas a quedar? Si aquí no hay nada…pringao, parecían decir.  Pobre diablo, a morirse de asco en el pueblo…Además, de qué va a vivir…

No había mucho, pero había algo.  Empecé con la tierra que tenía la familia, y luego, conforme la gente se iba del pueblo, iba arrendando las tierras de otros.  Así que me encontré con una cantidad maja de tierra, pero claro, para trabajarla necesitaba máquinas, tractor, todo eso. Así que me tuve que meter en créditos.  Sin problema, me dijeron, con todo lo que tienes, adelante.  Lo que nadie me dijo es que pasarían los años y la cebada seguiría valiendo lo mismo que hace veinte años, veinte pesetas el kilo o por ahí.  Eso sí, los costes no han parado de subir, el gasoil, los fertilizantes y todo eso.

Yo soy agricultor, y me dedico a producir cereal. Cuanto más saque, más vendo y más gano.  Como cualquier negocio.  Por eso uso el tractor, por eso uso el fertilizante y el “rundo”.  Pero ahora me dicen (el gobierno, Bruselas, los ecologistas) que no, que no puedo usar el rundo que es cancerígeno. Y que ojo con el tractor, que me cargo no sé qué pajarico o me cargo el suelo…Y que deje de labrar no sé cuánta tierra, que me van a pagar por ello.  Soy una persona honesta, ¿cómo van a pagarme por no hacer nada? Eso, ellos, que sí que no hacen nada…

El campo me dejaba poco margen, pero menos mal que tenía ayudas.  Pues ahora me dicen que tampoco, que si soy ecologista sí, que si no, nada.  Y mientras tanto la duquesa de Alba llevándoselo crudo, y el Cañete, y los Domeq… Y a mí me vienen los de la OCA a controlar lo que he sembrado, me miran con el SIGPAC y de todo, como si fuera un delincuente…

Para delincuente, como se me ocurra arrancar una mata de tomillo sanjuanero o una rama de acebo para el belén, que viene el Seprona y se me cae el pelo.  Y es que dicen que somos Natura 2000 o no sé qué hostias.  No sé, a mí nadie me ha preguntado.  Y no veo que se luzca.  Todo son pegas para todo; para hacer lo que hacíamos toda la vida, y todo estaba bien, y ahora hay que pedir permiso a Zaragoza o qué sé yo…

Y encima, mucho control y muchas hostias, para que luego te encuentres en el mercado la fruta del Brasil o de Marruecos, o las judías verdes de África, sin controles sanitarios ni nada, que a todo eso sí que le ponen la alfombra.  O sea, que estamos haciendo el gilipollas.

Y a todo esto, como el campo no me dejaba mucho margen, pues dije, voy a ponerme una granja de cerdos, que el sistema no está mal: no me tengo que ocupar de la venta, que es lo más difícil, engordo a los animales, a cobrar y mira, una ayuda.  Pues resulta que tampoco, los de la integradora me aprietan que no veas; el precio, no sé si sube o si baja, pero a mí no se me luce.  Encima tengo que ocuparme yo de los purines, y ojo los tire donde no debo, o no tenga la balsa en condiciones, que el Seprona me cruje.  Y los que vienen de turismo rural, a quejarse del olor y que les jodemos el paisaje.  Y ahora encima dicen que comemos mucha carne y que ya vale, que la gente se pone enferma, ¿tendré yo la culpa o qué? Más enferma se ponía la gente cuando no había más que farinetas y cuatro mendrugos de pan con sebo…

Dicen que nos dediquemos al extensivo.  Sí, claro, dedícate tú, guapo.  Un cuñado mío estuvo años con las ovejas.  Todos los días del año, ni domingos, ni fiestas ni nada.  Sol, lluvia y lo que tocara.  Los pastores, tenía algún morico (perdón, que ahora no podemos decir eso, un marroquí de esos), y le duraban cuatro días.  En cuanto podían se bajaban a la costa, a trabajar en la fruta, o la construcción, o lo que fuese, que era más descansado.  Y el precio del ternasco fatal, entre el que viene de Nueva Zelanda y que la gente ya no come, pues fatal, ya te digo, a plegar.  Los guardianes del medio ambiente, la oveja bombera, decían…que vengan los ecologistas a cuidar las ovejas, una temporada, y luego me lo cuentan.

Unos primos míos estaban en el pueblo también, y trabajaban en la mina de carbón.  Por lo menos, se sacaban un buen sueldo y el fin de semana se dedicaban al campo y tal. Pues nada, les han cerrado porque dicen que el carbón contamina mucho y tal. Y el caso es que parece que en Alemania, en Polonia, en Rusia, sigue habiendo carbón y las térmicas ésas…transición justa, le llaman al rollo éste, con unas ayudas para que se las lleven los de siempre. ¿Sabes qué? Que estamos haciendo el gilipollas, otra vez.

Total, que como la cosa con el campo estaba mal, resulta que me ofrecieron un dinero por alquilar unos terrenos para montar molinos de ésos de viento.  Y encima, podía trabajar algo, con el tractor y la cuba, regando los caminos y tal.  Pues habrá que ver, porque se han puesto burros los ecologistas y los de las casas rurales, y no sé si esto saldrá adelante.  Que si nos cargamos el paisaje, y qué sé yo, y digo yo, ¿pero es que el paisaje se come?  ¿con eso vamos a vivir? ¿con eso voy a alimentar yo a la familia?

Fíjate que resulta que, para eso de los molinos, hacen falta unos minerales raros, y mira por dónde, resulta que lo tenemos aquí.  Me dije, estupendo, si abren una mina de eso igual puedo trabajar, o con el tractor, o los hijos, que si no, se tienen que ir a la capital sí o sí…Pues otra vez con lo mismo, que si el paisaje, que si el agua, que si hostias…pero qué pasa, ¿que cada cosa que sale para poder trabajar aquí no hacen más que tocarnos los cojones los que no viven aquí…?

Para ir de un sitio a otro del término municipal, y luego por estas carreteras y caminos, y para bajar al médico o a comprar a la cabecera, me eché un 4×4, pero también me dicen que contamina un huevo, le han puesto una etiqueta que me fríen a impuestos, y el gasoil no para de subir.  Como si yo tuviera metro para ir de un sitio a otro, hay que joderse.  Bájate tú por una carretera helada y con curvas en invierno, y luego me lo cuentas.

Menos mal que, para fiestas, soltábamos al toro y nos lo pasábamos de cojón.  Pues tampoco, que ahora resulta que el toro sufre y que qué putada, pobrecico, que somos unos maltratadores, y nos vinieron unos perroflautas de la ciudad a tocarnos los cojones con lo del toro, pero, ¿es que no tienen otra cosa que hacer? que vayan a molestar a los del gobierno, a los suyos…

Y a todo esto, yo no paro de pagar impuestos.  Como todo dios.  Eso sí, servicios nada.  Para ir al médico una odisea, el hospital ni te cuento.  La escuela cerrada, y los críos todo el día de excursión en el autobús para ir al instituto.  Si cae una nevada y se cierra la carretera, ya podemos esperar a que vengan a sacarnos…. De modo que alguien se está llevando mi dinero para dárselo a otro.  Como si yo no tuviera necesidades.  ¿sabes qué?  Que los pague Rita, los impuestos.  Luego dicen que si hay fraude fiscal en el campo, no ha de haber…

El caso es que yo quería quedarme en el pueblo, y me quiero seguir quedando.  Pero no hay manera: ni agricultura, ni ganadería, ni minería, ni construcción, ni el médico, es que no nos dejan ni pasárnoslo bien…Y luego hablan de despoblación, y pretenden resolverte la vida los que no dejan de jodértela, y además, ¿por qué me tienen que decir a mí lo que puedo o no puedo hacer en mi pueblo? Que ya soy mayorcico, como si yo les dijera lo que tienen que hacer en su casa de la ciudad, o en su fábrica o en su oficina, no te fastidia…

¿Y los políticos?  Otros que no aparecen aquí más que cada cuatro años, a ver qué rascan. Así que la próxima no voto, o votaré al que ponga orden en todo esto, que ya vale…,

PS: “Historia profunda” inspirada, mutatis mutandis, en el libro “Extraños en su propia tierra”, de Arlie Hochschild.

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