En recuerdo de Mateo Andrés

No soy de dedicatorias ni panegíricos, no son ámbitos en los que me encuentre cómodo.  Sin embargo, mi libro “Viaje a Términus” está dedicado “Al Maestrazgo de Teruel, donde tanto aprendí, y a quienes me lo enseñaron”.  Y estos días ha fallecido Mateo Andrés, una de esas personas que tanto me enseñó.  En este blog, dedicado normalmente al desarrollo rural, y escrito con el espíritu en Aragón y en Teruel, no podía faltar unas palabras de homenaje para Mateo.

Conocí a Mateo en el verano de 1995, cuando me trasladé a vivir y trabajar a su pueblo, Molinos, para trabajar en un proyecto LIFE sobre medio ambiente.  Conviene contextualizar lo que acabo de decir: el “Instrumento financiero de la UE para el Medio Ambiente LIFE” existía solo desde 1992, y tres años después, desde un pueblo de Teruel, de menos de 300 habitantes en invierno, ya se estaba gestionando un proyecto de este programa.  Es evidente que el hecho de conseguir este programa era un trabajo de equipo (Javier, Luis Ángel, Henri, José Vicente, entre otros…), pero es indudable que Mateo estaba allí para ver, para intuir, y para ayudarnos a avanzar.

Mateo supo situar a su pueblo y al Maestrazgo (hasta entonces, una tierra ignorada por todo el mundo) en un contexto europeo; supo entender la nueva realidad que se abría para España y para sus zonas rurales con la entrada en la entonces CEE, y aprovechar para abrir vías de dinamización de nuestros pueblos, como no se habían dado, seguramente, en toda su historia contemporánea. 

Mateo montó en su pueblo una “Escuela-taller” ya en 1988, cuando el concepto y el mecanismo eran perfectos desconocidos para la mayoría de los gestores públicos.  Él trajo de sus viajes por el mundo el concepto de parque cultural, y montó en su pueblo el primero de ellos, embrión de un enfoque entonces novedoso del patrimonio como mecanismo de desarrollo local (y que posteriormente fue objeto de cooptación a través de la Ley de Parques Culturales de Aragón); creyó en el papel dinamizador de los Ayuntamientos, más allá de su mero papel de proveedor de servicios básicos a la población; creía en el papel que las tecnologías de la información podían jugar para romper el aislamiento de nuestras zonas rurales (aunque luego él se volviera loco con el e-mail), y todo ello en un contexto, insisto, europeo e internacional. 

Participó y “predicó” (como solíamos decir) en numerosos foros por España y Europa, incluyendo la primera Conferencia de Cork sobre desarrollo rural.  Pero, de manera más íntima, recuerdo aquel encuentro de la Red Europea de Centros de información rural, con una cincuentena de “guiris” llegados a un pueblo donde se acababa de ir la luz (para pasmo de anfitriones y despertar de fantasmas acerca del atávico retraso español), en una oscura y fría tarde de noviembre y donde, sin embargo, terminamos todos disfrutando de una brasada de chorizos y longanizas y un pase de diapositivas en la pared de la iglesia gótica, en un delicioso ejercicio de confraternización europea que pocos programas (tal vez, los Erasmus) pueden superar.  Y todo ello, con Mateo ejerciendo de anfitrión y de maestro de ceremonias, en su doble condición de alcalde de Molinos y de coordinador del Cedemate, del Centro para el Desarrollo del Maestrazgo.

A veces, entre bromas y veras, nos quejábamos de que Mateo era “el de las ideas” (“el visionario”, he leído hoy), y que éramos los demás los que teníamos que pasar “de las musas al teatro”, y convertir la brillante (o loca) idea de Mateo en un proyecto o una propuesta ejecutable, financiable, o presentable…pero, ¿no es así, al fin y al cabo, como se llevan a cabo las grandes cosas, como tienen lugar tantos y tantos proyectos?  Por supuesto, hubo y tuvo fracasos: aquel nonato “polígono de industrias artesanas”, un albergue y un hostal cerrados o a medio gas…fracasos que fueron amplificados por quienes nunca compartieron el modelo o la visión del desarrollo rural (como si los modelos más habituales nos hubiesen llevado mucho más lejos o estuvieran ajenos al fracaso). 

El “experimento social” que había sido Leader I y II no podía durar mucho.  De manera general (no solo en Aragón), llegó la (peor) política para joderlo todo.  Las autoridades competentes se han ocupado activamente de que el famoso “enfoque ascendente” y “carácter participativo” del desarrollo rural no se salga de madre, permanezca dentro de los límites de la servidumbre política y administrativa, y del control de los jefes de turno.  Por eso los programas Leader se han convertido, cada vez más, en meras ventanillas de recepción de solicitudes de subvención, y cada nueva propuesta busca alejarlos un poco más de la realidad local sobre la que tendrían que actuar.  No hay lugar en esos programas para la innovación, para la locura, para hacer cosas distintas o rompedoras.  No hay lugar, me temo, para personas como Mateo.

Perdí contacto con Mateo en 2002, y no volví a verlo hasta mucho más tarde, hace unos seis años.  Por ello, no tengo clara constancia de qué pensaría Mateo sobre cómo había derivado la idea, aquella idea de desarrollo rural participativo e imaginativo que él tanto contribuyó a crear.  Pero creo que, como persona inteligente que era, sería consciente, y estaría triste, por aquella deriva.

A las aladas almas de las rosas…

de almendro de nata te requiero,:

que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero

Si Mateo estuviera, en aquel jardín de plantas aromáticas instalado junto al campanario de Molinos, con aquellas vistas que llenan el corazón, podríamos hablar de todo ello. 

Un abrazo.  Hasta siempre, Mateo.

3 thoughts on “En recuerdo de Mateo Andrés

  1. Emotivo y precioso artículo. Y muy bien escrito.

    No dejes de escribir. Hazlo por nosotros.

    Un abrazo

    José Antonio Gil de Muro Arenas

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  2. Preciosas palabras sobre Mateo, Miguel Angel.

    Un abrazo.

    Montse

    El 15/06/2021 a las 17:54, Miguel A. Gracia Santos escribió: > WordPress.com > consultoraeuropea posted: ” No soy de dedicatorias ni panegíricos, no > son ámbitos en los que me encuentre cómodo.  Sin embargo, mi libro > “Viaje a Términus” está dedicado “Al Maestrazgo de Teruel, donde tanto > aprendí, y a quienes me lo enseñaron”.  Y estos días ha fallecid” >

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