Caza, cazadores y medio rural

Llegó la ministra, hizo unas declaraciones en contra de los toros y la caza y ¡zas! se armó la gorda.  Sobre todo, se puso en marcha la incesante maquinaria con que unos y otros se atizan (amplificada por las redes sociales), alzándose unos en defensores del medio rural, otros en defensores de los animales…Incluso, hay quien aprovecha la circunstancia para, recién aterrizado en la escena política española, incidir en los toros y la caza como la solución a los problemas de Teruel y otras comarcas rurales…

Es difícil mantener la templanza cuando se tratan estos temas, pero creo que es necesario que lo hagamos, y que intentemos poner orden y matices en estos debates que, en demasiadas ocasiones, se simplifican hasta el extremo, se ven solo en términos de blanco o negro, o conmigo o contra mí, todo lo cual es terrible, para el futuro de cualquier sociedad, al menos de una sociedad que quiera ser avanzada y democrática, y resolver sus diferencias de esa misma manera.

No hace mucho, ya me metí en un jardín similar, cuando hablé del lobo.  Hoy no hablaré de toros, pero sí me gustaría matizar y templar un poco el debate de la caza, aun a sabiendas de que constituye otro jardín del que es fácil salir escocido…  Creo que, en este tema, se entremezclan argumentos de carácter ecológico, de carácter económico, y de carácter ético, y se meten también en el mismo saco diferentes tipos de caza, diferentes tipos de cazadores y, por qué no decirlo, diferentes tipos de “ecologistas” (los llamaremos así).  Y, como en el caso del lobo, la gracia está en evitar las facciones más polarizadas de ambas partes, y buscar el acuerdo y consenso entre aquellos dispuestos a construirlo.

En el plano ecológico, se suscitan varias opiniones: unos dicen que son los cazadores los principales valedores de la “biodiversidad”, otros dirán que qué protector de la biodiversidad es quien le pega tiros a un ejemplar que, en muchas ocasiones, ha sido también introducido artificialmente en el medio.  Desde luego, creo que los cazadores actuales están lejos de ser los cazadores del Paleolítico, de modo que su actuación esté plenamente integrada en la cadena trófica; del mismo modo, la revisión histórica de la evolución de las poblaciones de especies hace, cuando menos, dudar del papel de la caza como “garante de la biodiversidad”…

En realidad, lo que sucede es que hemos subvertido y alterado de tal manera (a lo largo de los siglos, pero especialmente en las últimas décadas), los ecosistemas y las cadenas tróficas, que cualquier acción que desarrollemos sobre lo que queda de ellos, ya sea de un tipo o de otro (cazar topos o introducir cabras…), no deja de ser una medida de “final de tubería”, con las que intentamos solucionar problemas cuyo origen -humano- es mucho más profundo y antiguo, y que requeriría para su solución una verdadera “reconversión” de los territorios rurales españoles, para la cual, nadie está preparado, ni prácticamente nadie quiere oír hablar.

De este modo, se habla de la caza como medio de controlar “plagas”, pero es que estas plagas son fruto a su vez, de introducciones inadecuadas -en ocasiones, simplemente delictivas, y en otras, amparadas por la propia Administración-, de especies invasoras, o de la desaparición de los depredadores ancestrales por la acción humana, o de un mosaico de cultivos y usos del suelo cada vez más monocorde, fruto a su vez del abandono rural secular y, más recientemente, de la PAC…El verdadero control de plagas empieza mucho más arriba, es mucho más difícil y requiere muchos más medios y mucha más responsabilidad.

Y sin embargo, hay de todo: es cierto que hay cazadores que simplemente llegan con su 4×4, cazan una pieza que ha sido introducida en el medio, en una finca privada, pagan y se van con su trofeo.  Pero también hay sociedades de cazadores que disponen bebederos, que siembran campos con cereal o pipirigallo para favorecer la cría de especies cinegéticas, sí, pero que siempre han formado parte de nuestro paisaje y nuestra vida, que vigilan las épocas y lugares de cría, que colaboran activamente con los agentes de protección de la naturaleza cuando advierten problemas zoosanitarios o advierten malas prácticas cinegéticas…

Porque, efectivamente, hay distintos tipos de caza: hay esa caza menor, de la perdiz, el conejo o la codorniz, que se practica en tantos pueblos de España, y que constituye un mecanismo de socialización, una forma de mantenimiento del medio social -tanto o más que del medio natural-, y una aportación -variable, pero no desdeñable- a las arcas de los pequeños Ayuntamientos.  Igualmente, en muchos de esos cotos de toda España se practica un cierto tipo de caza mayor, (por ejemplo, jabalí), que cumple el mismo rol social y económico.

coto de caza

Por otro lado, tenemos las grandes fincas, “diseñadas” para la caza mayor, y cuya gestión creo que es bastante más parecida a una granja que a un “espacio natural”.  Es indudable que estas fincas generan puestos de trabajo en estos territorios, muchas veces con pocas alternativas.  Por ello, entraríamos en el debate sobre qué otras alternativas económicas hay en esos lugares, sin necesidad de pegarle un tiro a un ciervo, o si precisamente el ciervo ha sido introducido allí para ser cazado, o cuál es el límite ético por el cual una persona “que paga” compra el derecho a matar a un hermoso animal, aunque ese dinero revierta en el territorio, en puestos de trabajo, en las arcas públicas también…Y este debate ético/político/social, atención, no es exclusivo del medio rural: véase, sin ir más lejos, el debate suscitado hace poco, acerca de la venta, al régimen de Arabia Saudí, de unas corbetas que se han de fabricar en los astilleros de Cádiz (una de las zonas de España más azotadas por el paro).

Dicho todo esto, también es justo indicar que las ayudas públicas llegan poco y mal a los territorios que, contando con una población potencialmente cinegética, quisieran construir un modelo de desarrollo en torno a la misma, favoreciendo más su extensión y propagación.  En este sentido, las diferentes Estrategias por la Biodiversidad (implementadas desde el nivel local hasta el estatal) suelen carecer de una dotación económica suficiente y de programas ambiciosos.  Igualmente, los fondos europeos de Desarrollo Rural (FEADER) suelen adolecer de inadecuada asignación, complejidad, trabas administrativas, apropiación por parte de la Administración, y escaso protagonismo social.  En general, las políticas europeas han avanzado en la protección nominal de espacios y especies, a través de la red Natura 2000, pero poco en el justo reembolso de dicha protección, del coste de oportunidad asociado, y del trabajo que se requiere para la misma.  Por lo cual, no es de extrañar que la caza sea una de las pocas fórmulas para “sacar provecho” de la biodiversidad (al menos a corto plazo), o que, en muchos pueblos, estar dentro de la red Natura 2000 sea visto más como un problema que como una oportunidad.

No son ejemplos totalmente transferibles, pero en África hace ya bastantes años que los safaris decimonónicos, donde se pagaba por abatir un león o un elefante, han sido sustituidos de manera generalizada por safaris fotográficos (lo que no quiere decir que, en ocasiones, no se realice caza selectiva); es decir, hay una mayoría de visitantes que prefiere hacer una foto a los leones que pegarles un tiro; y los parques públicos (por ejemplo, el Kruger en Sudáfrica, por cierto una de las principales fuentes de divisas del país africano) han generado en su entorno un rosario de fincas privadas, donde también es posible observar y fotografiar a la fauna, construyendo toda una economía alrededor).

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Más cerca de nosotros, la custodia del territorio constituye un claro ejemplo de relación virtuosa entre el medio rural y las ONGs, colaborando para el mantenimiento de la biodiversidad y de la sociedad rural.  Sólo en España se han inventariado ya 2.487 acuerdos de custodia, de los cuales 84 corresponden a entidades cinegéticas; Se han contabilizado 166 entidades con acuerdos de custodia. Todos ellos suponen un total de  391.748 ha de custodia cinegética.

Lo que sucede es que, mientras planteamos y pensamos, debatimos e implementamos otros modelos de gestión del territorio, de la fauna, de los ecosistemas, y del medio rural en su conjunto, las urgencias aprietan, las plagas se multiplican, el agricultor se enfada, la administración se llama a andana, el ecologista aprieta…y nada se resuelve de verdad.

2 thoughts on “Caza, cazadores y medio rural

  1. Felices fiestas Miguel¡¡ … en realidad creo que esencialmente la confusión viene de llamar caza a muchas otras actividades que no son CAZA.. La CAZA en verdad tiene mucho menos que ver con matar un animal de lo que la gente piensa, y precisamente esas otras actividades a las que llaman caza pero que no lo son tienen como unico fin matar..en muchas ocasiones garantizado. De esa confusión asentada e incluso potenciada hasta por instituciones supuestamente defensoras de la CAZA, como las federaciones de cazadores, vienen todos los cuestionamientos sociales y por ende la busqeda de argumentos de defensai en algunos casos hasta de lo indefendible.
    Un saludo.

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