El camino hacia los pueblos inteligentes

En estos días, la Red Europea de Desarrollo Rural está concluyendo un proceso participativo para definir los “smart villages”, y también para recoger experiencias de los mismos en toda la UE.   Como miembro (poco activo, lo reconozco), del Grupo de Trabajo de la Red sobre el tema, he sido invitado a presentar experiencias y a colaborar en la definición.  La que existe ahora es la siguiente:

Los pueblos inteligentes son comunidades en áreas rurales que desarrollan soluciones inteligentes para enfrentar los desafíos en su contexto local. Se basan en las fortalezas y oportunidades locales existentes para comprometerse en un proceso de desarrollo sostenible de sus territorios. Se basan en un enfoque participativo para desarrollar e implementar sus estrategias para mejorar sus condiciones económicas, sociales y ambientales, en particular promoviendo la innovación y movilizando las soluciones que ofrecen las tecnologías digitales. Las aldeas inteligentes se benefician de la cooperación y las alianzas con otras comunidades y actores en áreas rurales y urbanas. La iniciación y la implementación de estrategias de pueblos inteligentes pueden basarse en iniciativas existentes y pueden ser financiadas por una variedad de fuentes públicas y privadas.

A pesar del tinte un tanto “tecnocrático” de la definición, he de decir que, en general, ésta me gusta porque hace incidencia en los procesos participativos, y en el refuerzo de la capacidad local para buscar soluciones a sus propios retos. Al mismo tiempo, he debido confesar mis dificultades para encontrar ejemplos concretos de dicha definición y experiencias concretas de “smart villages”, al menos en mi entorno más conocido.   Hilando ambas cosas, llego a la conclusión de que los smart villages constituyen un modelo de solución de los problemas del medio rural que, aunque basado en el uso de la tecnología digital, se enfrenta a barreras mucho mayores que las digitales para su puesta en marcha.

Obviamente, el primer obstáculo sigue siendo la deficiente implantación de la banda ancha y de otras tecnologías en las áreas rurales, que sigue estando muy por debajo de la dotación en zonas urbanas.  Pero ésta es una cuestión que, de una manera u otra, puede resolverse (y se está haciendo) con inversiones públicas y privadas.  Los problemas son otros, sobre todo:

  • La escasa formación de la población local para sacar el máximo partido de estas tecnologías, imaginar y construir nuevos servicios o negocios, o nuevas formas de relacionarse. En suma, la famosa “brecha digital” rural.
  • El escaso margen de que disponen autoridades locales y otras iniciativas a esta escala (por ejemplo, Grupos de Acción Local o agencias de desarrollo local) para implementar iniciativas que supongan un enfoque transversal. Por ejemplo, una solución e-health (salud a distancia) es una cuestión sanitaria y social, que afecta a las competencias administrativas de gobiernos regionales o nacionales, y que pone en cuestión el modus operandi habitual de la administración en su prestación de servicios. En resumen, aunque una autoridad local tenga voluntad de cambiar el modelo de gestión, muchas veces no puede.
  • La escasa visión de proveedores y usuarios de los servicios, para entender que éstos puedan ser prestados de otra manera; mucha gente -no sólo en los pueblos, dicho sea de paso-, no está preparada para entender que parte de los servicios sanitarios o asistenciales puedan prestarse a distancia, vía domotización o vía sensores implantados en los pacientes potenciales (el Internet de las Cosas), en lugar de ir a la consulta del médico, por ejemplo. O que el transporte público se resuelva mediante la optimización y puesta en común de los vehículos privados existentes (mediante una app), en lugar de estar aumentando de manera económica y ambientalmente insostenible una oferta de autobuses convencionales que a ningún usuario conviene.

En este sentido, me temo que vivamos una cierta contradicción entre el apartado “participación” y el apartado “innovación” de la definición antes mencionada.  En otras ocasiones ya hemos señalado el hecho de que, si los procesos participativos no se se conducen de manera adecuada, éstos tienden a reproducir los patrones culturales dominantes, a reproducir los tópicos y las viejas recetas.  Unas veces porque no se conocen otras recetas, otras veces porque no se explican las nuevas ni se ponen ejemplos, y otras también porque el recurso a los viejos métodos es la forma de garantizar el statu quo o, más sencillamente, la posición de confort de numerosos actores locales.  La innovación digital y su aplicación a la prestación de servicios autogestionados a escala local tiene mucho de disruptivo, de rompedor, y como tal, puede encontrar pocos amigos entre quienes se encuentran en una posición dominante o de confort, de “siempre se ha hecho así”.

Creo que sigue haciendo falta mucha pedagogía, y mucho proyecto piloto de verdad, y mucho laboratorio de innovación en el medio rural, para crear soluciones verdaderamente adaptadas a los problemas locales; esto no cuesta más dinero que el que ahora mismo se gasta en proyectos de escaparate o infraestructuras absurdas, y eso es lo que nos hace “smart” (“espabilados”, diríamos en mi tierra), y no la pasividad a la hora de adoptar modelos y tecnologías ya probadas en otros entornos y transferidas miméticamente y sin mayor criterio al medio rural.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s